Fiestas de la Virgen del Castillo, cuando velas y flores se cambian por pólvora

Yecla celebra con disparos de arcabuz la defensa sin daños de Cataluña hace casi 400 años

Enrique Sancho

La Fiesta de la Virgen del Castillo en Yecla (Murcia) no huele el humo de las velas ni el aroma de las flores que suelen acompañar a todas las Vírgenes, su sello es el olor de la pólvora y el ruido de los arcabuces que la rodean. Eso sí, mantiene, como en todas las fiestas religiosas, el fervor de sus seguidores, los piropos y cánticos a la Virgen y las procesiones de subida y bajada de la patrona desde su santuario a la la Iglesia de la Asunción en la ciudad, acompañada no solo por los yeclanos, sino también para los habitantes de toda su comarca e incluso del resto de la región y otras provincias.

Durante los días que duran las fiestas, sobre todo entre el 6 y el 8 de diciembre, el ambiente de la ciudad se llena del olor, que empieza a convertirse en aroma, de la pólvora y el estruendo de los arcabuces similares a los que se utilizaban en el siglo XVI. No hay ropajes religiosos, sino los típicos bicornios y casacas negras que utilizaban las fuerzas municipales o milicias que permanecieron en activo en las tierras de Castilla desde el siglo XVI hasta la segunda mitad del XVIII. También se vive el ambiente de fiesta religiosa y pagana al mismo tiempo, donde los rezos se mezclan con música popular, bailes y, por supuesto, buenas viandas y vinos.

El origen histórico de esta celebración se produjo durante el reinado de Felipe IV, cuando el 17 de julio de 1642 (dos años después del comienzo de la guerra del Segadors), un grupo de 61 yeclanos dirigidos por el capitán Martín Soriano Zaplana acudió a defender Cataluña de las tropas francesas que habían invadido el norte de España en la históricamente denominada Guerra de Cataluña y en defensa de la integridad del territorio nacional (¡vaya ironía y ejemplo en los tiempos que corren hoy!). El puesto de guarnición para los voluntarios se fijó en las tierras castellonenses de Vinarós, concretamente en la ermita de San Sebastián. El desarrollo favorable de la contienda facilitó que los miembros de dicha campaña regresaran todos ellos a Yecla sin ninguna baja que lamentar, hecho que interpretaron como milagroso.

Agradecimiento a la Virgen

La compañía de Martín Soriano, de regreso a Yecla, agradecida a la Providencia Divina y a la Virgen, subieron todos juntos donde se daba culto a Nuestra Señora de la Encarnación representada en un antiguo cuadro, ya conocida como Virgen del Castillo, para dar gracias por el regreso de los hombres. Años más tarde, la Cofradía de la Purísima, sería la encargada de adquirir una talla de la Purísima Concepción que sustituyera al cuadro de La Encarnación, para ser venerada en el santuario. La imagen llegó a Yecla en 1695, siendo entronizada en el templo como patrona y protectora de la ciudad.

No quedando satisfechos con esta acción de gracias, los yeclanos acordaron bajar todos los años, durante unos días, a la imagen de la Virgen hasta la Iglesia de la Asunción. Estas bajadas de la Virgen iban acompañadas de salvas de arcabuz, como recuerdo a lo sucedido en la contienda. Aquel acto constituyó todo un acontecimiento para la ciudad, que desde entonces vio en la imagen de Nuestra Señora del Castillo un símbolo de protección.

Las actuales Fiestas de la Virgen del Castillo de Yecla, declaradas de Interés Turístico Nacional y que buscan ser de Interés Internacional, no tienen su origen y posterior desarrollo en una victoria o derrota, y por tanto en la supremacía de un vencedor ni en la humillación de un vencido. Sólo se conmemora un acontecimiento en el que no hubo derramamiento de sangre.

El recinto donde recibe culto la Virgen ha sufrido numerosas reconstrucciones y reformas a lo largo de su historia, datando el edificio actual del siglo XIX. Tampoco la talla que hoy se venera es la original, puesto que desapareció en la Guerra Civil Española; se trata de una réplica realizada por Miguel Torregrosa en 1941 a semejanza de la primitiva, la cual fue coronada canónicamente en 1954. Los actos principales que ahora se conmemoran son la bajada y subida de la Virgen a su Santuario en popular procesión y siempre tienen lugar a principios del mes de diciembre, con el día grande el 8 de este mes, día de la Inmaculada Concepción.

Un apretado programa

El día 5 de diciembre tiene lugar el Acto del Beneplácito, en el que el Presidente de la Asociación de Mayordomos pide permiso a la primera autoridad municipal para que den comienzo las Fiestas y se puedan disparar los arcabuces con pólvora. La concesión del permiso se celebra con el disparo de quince cohetes desde la Explanada del Santuario respondido con otros quince cohetes desde la Plaza Mayor del Ayuntamiento. Por la tarde, los tamborileros y los sargentos alabarderos, caracterizados por sus trajes dieciochescos y más conocidos como “los tíos de las punchas” y acompañados de sendas cajas, realizan la protocolaria y simbólica invitación al vecindario para que se sume a la alegría colectiva que supone la celebración de las Fiestas de la Virgen y convocan a los ‘tiraores devotos’ a participar en los actos de la soldadesca. El día 6 por la mañana se celebra una Misa de Pajes y por la tarde el Beso a la Bandera por toda la soldadesca. Los participantes visten un uniforme reglamentario, que consta de un sombrero negro de dos picos, levita, pantalón y corbata de lazo del mismo color, fajín azul y camisa blanca. Las salvas en honor a la Virgen se realizan con el arcabuz durante todo el día.

El Día de la Bajada, 7 de diciembre, se inicia con la Alborada en el atrio de la Basílica de la Purísima, seguido del tradicional almuerzo de las gachasmigas. Después se lleva a cabo la Bajada, cuando los «tiraores» arcabuceros suben al Santuario del Castillo disparando sus arcabuces y seguidamente acompañan a la Patrona en su traslado hasta la ciudad. En el recorrido, el Mayordomo juega la Bandera ante la Virgen a la salida del Santuario, en el llamado Paso de la Bandera y en el atrio de la Basílica, mientras se procede al disparo continuo de los arcabuces. El pregón, diferentes actos culturales, la ofrenda de flores, la bajada de la Virgen y su permanencia durante nueve días, para recibir culto y honores como Patrona de Yecla, con un ritual festivo de más de tres siglos y medio de historia, y su posterior subida al Santuario conforman el resto del programa.

El día 8 de diciembre, día grande de las Fiestas, se inicia con la función solemne en la Basílica de la Purísima, a continuación tiene lugar el nombramiento de «clavarios» (que serán los mayordomos del próximo año) y por la tarde la solemne procesión con la imagen de la Patrona, en la que el Mayordomo repite el mismo ritual del juego de la Bandera, a la salida y especialmente a la entrada de la Virgen a la Basílica, en medio del estruendo ensordecedor que produce el disparo de los arcabuces.

Por último, tras el novenario, que siempre es el tercer domingo de diciembre, con el mismo orden, protocolo y ceremonial observado en la Bajada se procede a la Subida de la Virgen a su Santuario. Por la mañana, tras la celebración de la función religiosa, se realiza la procesión Minerva y la bendición del Santísimo Sacramento a todos los arcabuceros y el pueblo de Yecla.

Desde la Asociación de Mayordomos de la Purísima Concepción se procede en días señalados al reparto de pólvora a las Agrupaciones de Escuadras para su uso en los arcabuces durante las fiestas. Curiosamente, éste es un privilegio que concedió el rey Carlos III a Yecla en 1786, ante la insistencia de sus habitantes, después de una prohibición general en el uso de la pólvora que duró quince años y que obligó a suspender los disparos de arcabuz. También ese año son aprobadas las primeras ordenanzas de la fiesta, mantenidas hasta la elaboración de las actuales en 1986.

Una rica gastronomía

Como en toda fiesta, no puede faltar la gastronomía. Yecla cuenta con una variada y rica gastronomía que mezcla las murciana, manchega y valenciana. Buen ejemplo son el gazpacho yeclano, las pelotas de relleno, las tortas fritas, el queso frito con tomate o las empanadas de patatas que harán las delicias del comensal. Pero tal vez el plato más característico especialmente en la Alborada, durante la madrugada del 7 de diciembre y antes de la Bajada de la Virgen, son las gachasmigas, elaboradas con harina, aceite, ajo, sal y agua.

Las Gachasmigas Populares es uno de los actos con mayor participación ciudadana que se celebran en la ciudad. Organizadas por la Asociación de Mayordomos y con la colaboración de las Agrupaciones de Escuadras, del Excmo. Ayuntamiento de Yecla y los establecimientos comerciales que aportan ingredientes para su elaboración, han conseguido desde su primera edición en el año 2014 hasta la actualidad convertirse en una jornada multitudinaria indispensable en la agenda oficial previa a la celebración de las Fiestas Patronales. Se realizan más de 200 sartenes de gachasmigas y se movilizan a más de 300 voluntarios para el evento, que en la pasada edición consiguió sacar a la calle a más de 8.000 personas en la Calle San José de la ciudad, en lo que hace posible una magnífica jornada de convivencia ciudadana en las calles.

Los gazpachos yeclanos son un guiso consistente, preparado con una torta de pan ácimo, y un sofrito de conejo y caracoles. Esta torta se empapa con el guiso en el plato, absorbiendo todos los sabores para luego ser disfrutada al finalizar el plato, acompañada de anchoas o miel. Esta delicia gastronómica es típica en Yecla el 7 de diciembre, el Día de la Bajada de la Patrona. Las pelotas de relleno se componen de carne de cerdo triturada, pan remojado en caldo de cocido, piñones, huevo, ralladura de limón y diversas especias, como clavo, pimienta y nuez moscada. Este plato es el rey de las Fiestas de la Virgen y se degusta tradicionalmente el Día de la Virgen, el 8 de diciembre. Toda esta gastronomía de fiestas se acompaña siempre de los vinos elaborados por las bodegas adscritas al Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Yecla.

Uno de los dulces que más se consume durante estas fiestas son los libricos. Unas finas obleas rellenas de exquisita miel o chocolate, elaboradas artesanalmente con una receta familiar de varios siglos de tradición, decoradas con grabados que reproducen los lugares y monumentos más emblemáticos de la ciudad de Yecla. Las pastas típicas en Yecla durante las Fiestas Patronales también son los mantecados y los rollos de vino. Estos dulces son ideales para acompañar el café después de las comidas festivas y durante estos días de fiestas es muy común tomarlas acompañadas de mistela.

Más información:

https://fiestasdelavirgenyecla.es/

https://www.yecla.es/

https://turismo.yecla.es/festejos/

Ver breve vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=XZlQLhjIjjs

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Author: viajes24horas