Cheo Feliciano el último salsero sonero

José «Cheo» Feliciano, nació en Ponce (Puerto Rico). Hijo de padres humildes, estudia en la Escuela Libre de Música de su pueblo y siendo un niño organiza en Navidad un pequeño grupo musical llamado el Combo Las Latas, pues esos eran los instrumentos empleados. Su inclinación por entonces se orienta hacia la percusión. A los 17 años se traslada con su familia a Nueva York y abandona los estudios para seguir a las orquestas de moda en esa época: Machito, Tito Puente y Tito Rodríguez.

Sus comienzos como percusionista profesional fueron dentro del grupo «Ciro Rimac’s Review», con ellos viaja a Canadá. A su regreso a Nueva York colabora en la orquesta de Tito Rodríguez, en el conjunto Marianaxi de Luis Cruz y también como percusionista de la orquesta de Kako y su Trabuco. Tito Rodríguez se percata de la buena voz de Cheo y lo invita a compartir la cima con él. En 1957, Joe Cuba se queda sin cantante y Tito le recomienda a Cheo donde comienza a ganarse un público fiel que lo seguirá allá donde vaya.

Cheo, después de su etapa de 10 años en el sexteto de Joe Cuba, es un auténtico líder de la Música Caribeña y canta con la orquesta de Eddie Palmieri. Tras su desgraciado paso por el mundo de la droga, que lo aparta de los escenarios, vuelve con fuerza en el ya narrado concierto de la Fania All Star de 1971.

Su forma de decir le hacia poseer un estilo propio, representando el solo un estilo y una tendencia en el Bolero no tenía sombras y en la Rumba y la Guaracha refinada y sofisticado que él recreaba, nadie osaba imitarle los pasos.

He de reconocer que Cheo Feliciano es mi auténtico ídolo y tuve el gusto de entrevistarle en Nueva York en 1990, cuando daba una respuesta con su tema «Cuántas cosas», a la ola erotizante que se impuso en el final de la década de los 80 en la Salsa. La voz sensual de Cheo te atrapa poco a poco y a partir de ahí ya no puedes ser objetivo. Recomiendo toda su obra discográfica (más de 25 Lp’s), al igual que hice con la de Ismael Rivera y haremos con la de Rubén Blades, reconociendo sus altos y bajos lógicos, Cheo es Cheo. Su feeling le da identidad propio a los Boleros, mientras que su estilo meloso dulcifica de una forma única el Son, la Guaracha y el Guaguancó.

Cheo ha obtenido numerosos premios como El búho de Oro, en Panamá, la Copa de Oro en Venezuela, el Daily News Award y el Latin New Award en Nueva York, el Chin de Plata en Miami, el Agueybaná en Puerto Rico, etc…

A partir de 1975 se marcha de Nueva York a su Puerto Rico ya que su ilusión era vivir en una casita con un porche donde poder sentarse tranquilamente lejos del mundanal ruido. A pesar de todo hemos de decir que sus apariciones en directo, en los 70, nunca llegaron a tener el nivel de sus discos al no contar con una orquesta estable y no cuidar mucho su voz. En la actualidad Cheo ha conseguido realizar unos directos tan alucinantes como sus discos.

Cheo fue otro rebelde al que la Fania intentó destruir, pero Cheo creó su propio sello discográfico, el sello «Coche» (Co es el diminutivo de su esposa a la que cariñosamente él llama Coco y Che su propio nombre), grabando «25 años de sentimientos En octubre del 84 junto a Rubén Blades, Eddie Palmieri, Joe Cuba y Willie Colón fue presentado el espectáculo «Tributo a Cheo Feliciano» y en estos momentos graba con RMM el nuevo sello del llamado «Empresario del mundo» Ralph Mercado, que trata de generar otro boom en el ambiente de la Salsa en la década de los 90. (Antonio Mora en «De Orilla a Orilla» – 1992)

Una Voz… Mil Recuerdos

Una Voz… Mil Recuerdos es la nueva producción de José «Cheo» Feliciano, uno de los artistas de mayor impacto que ha tenido la historia de la música tropical. En su nuevo álbum le rinde tributo a legendarias figuras de la música latina como: Tito Rodríguez, Frankie Ruiz, Ismael Rivera, Beny Moré, Mon Rivera, Santitos Colón, Gilberto Monroig, Daniel Santos, Felipe Rodríguez y Héctor Lavoe. Este CD, su quinto con RMM, contó con la producción musical de Louis García y el mismo Feliciano.

Feliciano, conocido también como ‘el señor sentimiento’ grabó este álbum en Puerto Rico acompañado de una orquesta de 30 músicos para, de esta forma, crear su propia interpretación de estos clásicos temas, eternos en nuestra memoria. Feliciano escogió las trece canciones que forman parte de este álbum; entre ellas, una de su propia inspiración que la escribió y se la dedicó a estas prestigiosas estrellas musicales latinas. «Que Si Cantaban Bien» es su forma de rendir un tributo a estos virtuosos que desempeñaron un papel importante en el desarrollo artístico y personal de Feliciano.

Para este álbum José «Cheo» Feliciano usa su tan célebre y tierno estilo al cantar en la balada «Me Faltabas Tú/ Congoja» la cual la grabó en tributo a Pablo «Tito» Rodríguez, conocido también como el «Rajah Del Mambo», durante el tiempo en el que el Mambo era muy popular. La originalidad de la canción está en que Feliciano combina dos muy buenos temas de Rodríguez, distinguido y prestigioso cantante muy conocido por la popularidad de todas sus baladas. Feliciano trabajó con este valuarte musical como valet antes de empezar su carrera artística. El notorio impacto que Rodríguez tuvo en Feliciano se puede apreciar en otra canción de este mismo álbum cuando nos canta una versión muy bailable del tema «Lindo Yambú».

Una Voz…Mil Recuerdos es un emotivo tributo para los ausentes artistas, que mantendrán siempre impregnado su espíritu en la música tropical. Entre este grupo de leyendas está Gilberto Monroig quien fue un pionero de esta música, siendo también cantante de la orquesta de Tito Puente en Nueva York. Feliciano re-grabó «Simplemente Una Ilusión» honrando la memoria de Monroig.

También rinde tributo a la memoria de sus buenos amigos Héctor Lavoe y Frankie Ruiz. Feliciano dedica «Todo Tiene Su Final» a Lavoe quién falleció en junio de 1993. En el texto incluido en las páginas del CD, Feliciano llama a Lavoe el «cantante de cantantes». En este CD también Feliciano usa su cálida voz para ofrecernos una apasionada interpretación de una de las canciones que Frankie Ruiz, una leyenda del género que feneció en agosto de 1998 a la edad de 40 años, hizo famoso en el estilo salsa. «Camionero» es un tributo a Ruiz, quien durante su carrera contribuyó magistralmente en desarrollo de la música latina.

La gran historia artística de José «Cheo» Feliciano empezó cuando abandonó la escuela secundaria para seguir a las mejores orquestas del momento, entre ellas Machito, Tito Puente y Tito Rodríguez. Después de participar en una audición con Joe Cuba, quien es ese momento buscaba un cantante para su sexteto, Feliciano se convirtió en el cantante principal del grupo. Juntos grabaron 17 producciones, estrenadas en un período de diez años por los sellos disqueros Seeco y Tico; Feliciano decidió convertirse en solista en 1965, aunque siguió trabajando con otras exitosas bandas de la ciudad de Nueva York hasta que en 1969 se retiró de la industria musical.

En 1972 regresó para trabajar con la compañía Fania Records grabando el tema «Anacaona». Su lanzamiento tuvo un gran impacto de manera instantánea. Poco después Feliciano se unió a la legendaria orquesta Fania All Stars, a la vez que continuaba grabando y presentándose como solista. Su carrera tuvo un mayor auge al ganar el premio «Primera Plana» ofrecido por el periódico Daily News, como el artista más popular en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. Feliciano grabó otros quince álbumes como solista y como integrante de La Fania hasta que se retiró del grupo e inauguró su propio sello discográfico en 1983.

José «Cheo» Feliciano celebró sus 25 años en la industria de la música el 25 de mayo de 1983 con un concierto en el «Centro De Bellas Artes» junto a una orquesta de 25 músicos. Este espectáculo fue titulado 25 Años De Sentimiento y fue grabado en vivo; convirtiéndose en primera producción de las cinco que lanzó al mercado con su sello Coche Records.

En 1990, se unió a RMM Records a pedido del fundador de este sello disquero Ralph Mercado. El primer álbum que grabó con RMM, Los Feelings de Cheo recapturó el lado romántico del cantante. Su segunda producción, Cantando, confirmó una vez más su posición como uno de los mejores intérpretes de la música tropical. Para su tercero, Motivos combinó la salsa y el bolero, además de que trabajó junto al internacionalmente conocido trompetista Luis «Perico» Ortiz. Su cuarto álbum Un Solo Beso fue un ‘sueño hecho realidad’ para este legendario vocalista. Bajo la dirección musical del famoso compositor mexicano Armando Manzanero, Feliciano ofreció un álbum muy romántico que nació de la combinación de sus fabulosos estilos.

En 1995 Feliciano ganó un disco de platino como parte de la exitosa producción de RMM La Combinación Perfecta. En 1996 participó en Tropical Tribute To The Beatles que por sus ventas se le acreditó también un disco de platino. Para esta producción en que varios artistas grabaron canciones de los Beatles en estilo tropical, Feliciano cantó el tema «Yesterday».

El jueves 15 de julio último, José «Cheo» Feliciano, nuestro legendario e internacional salsero se anotó otro triunfo en su carrera al hacer su debut en el Hotel Tamanaco de Venezuela. Durante este espectacular concierto se presentó acompañado de la prestigiosa Orquesta Sinfónica de Caracas.

José «Cheo» Feliciano ha cautivado a millones de personas alrededor del mundo y continúa causando interés con su nueva producción. Una Voz… Mil Recuerdos es excepcional e impresionante ya que cuenta con arreglos musicales originales para cada una de las canciones. Además hace un muy excelente trabajo combinando estas canciones para crear un tributo musical que traerá buenas memorias a algunos y dejará nuevas en quienes por primera vez lo escucharán.

El último sonero

Víctor Hurtado Oviedo

Cheo Feliciano es el clásico glorioso que cierra el siglo del bolero.

l gran José Cheo Feliciano lo ha perseguido la confusión, como una doble sombra bajo una doble Luna. Cheo nació negro, crespo y uníparo, pero la homonimia le ha regalado un siamés inverosímil: blanco, lacio, ciego y guitarrista. Eso no se hace. Han pasado años, ha pasado todo el tiempo, y Cheo no ha podido desprenderse del gemelo, que es el negativo blanco de un mulato. Lo que ocurre es que uno y otro, otro y uno, son antítesis que se parecen demasiado: ambos se llaman José Feliciano y son portorriqueños, cantantes y famosos. A Cheo le toca vivir así con la diaria, obstinada sorpresa de saber que José Feliciano es único, aunque son dos (su misterio no llega a trinidad, pero va cerca). «Crisis de identidad» llamó a esta maraña un sicólogo cuyo nombre se ha olvidado. ¿Qué diría de todo esto don José Ortega y Gasset, el de la célebre sentencia (Meditaciones del Quijote) «yo soy yo y mi circunstancia». Nada; más bien, Cheo corregiría: «Yo soy yo, el otro y las circunstancias de ambos». No importa cuánto hagan, los dos Josés vivirán reflejados en el farsante espejo de sus nombres hasta que ni la muerte los separe: «Aquí yace José Feliciano, el otro».

Y, sin embargo, ¡son tan diferentes! José es, para Cheo, la antimateria del estilo. Cuando lo llama la sangre, Cheo sale a romper cueros con las manos pues siempre quiso ser tumbador y bongocero, y no cantante; en cambio, José es un ciego de tímpano dorado, instrumentista opulento que martilla prodigios sobre el yunque de aire de la guitarra. Cheo es una pantera de la selva afrocubana; José, rara vez entra en la rumba (sus parajes son el rock y la balada). Antaño, la voz de Cheo era profunda y seca, matizada e insinuante, de un timbre negro bellísimo que compartió con viejos maestros del yaz; la voz de José es desesperada, ultrajada, acuchillada, cortante y aguda, ideal para exigir milagros (y lograrlos), y deshecha en quiebros, como la de un cantaor de las marismas sevillanas rezando en el mar Caribe. Ambos han grabado boleros, mas Cheo es bolerista finísimo, elegante, y, cuando los entona, se pone un esmoquin sentimental así como Erasmo se vestía de gala para leer a los clásicos; en cambio, José se curva hacia el bolero-venganza, puñalero, de cantinas y aserrín, de copas rotas y vidrios por doquier, de sangre para todos (si Shakespeare hubiera compuesto un bolero, José Feliciano se lo hubiese cantado), de traiciones increíbles (lo son) y de un llanto atroz y adefesiero que —cual milagro eucarístico profano— brinda con un coctel de cerveza y lágrimas. En el bolero, Cheo cultiva la flor; José, la cebolla. Así pues, ya que se confunden tanto, podrían cantar a dúo Somos diferentes.

Cheíto el Grande nació en el barrio de Pancho Coímbre, en la sonera ciudad de Ponce, el 7 de julio de 1935. Lo acunó la pobreza, siempre atenta con los niños, y Cheo le correspondió durante años, tan fino él. De joven, Cheo cumplió con lo que todos esperamos del buen pobre: no andar codiciando los bienes ajenos. Claro está, así no se prospera, pero se da buen ejemplo, que es lo que realmente importa; además, en Puerto Rico nadie hay tan pobre que, con solo ir a una playa, no pueda bañarse en agua de colonia.

Muy joven, lo llamó la fama, pero le dejó una dirección harto imprecisa: Nueva York, Barrio Latino, que es como el París de los modestos. Allí le salió el diablo del cuerpo, y Cheo se arrimó a los grandes por si alguien le abría una oportunidad para sus fieras tumbadoras. No fue así. Oído que lo hubo cantar el gran Tito Rodríguez, lo empleó como su remplazo vocal en los demoledores recitales del Palladium. El mismo Tito lo recomendó entonces como cantante para el Sexteto de Joe Cuba. Con este grupo de bárbaros rumbones permaneció diez años (1957-1967), que fueron su escuela, su universidad y su desgracia.

La brusca aventura del éxito lo acercó a las cuatro puertas que anunciaba Daniel Santos. Desbaratado por el desorden, Cheo se echó al júbilo asesino de las drogas y terminó en el hospital y la cárcel. Solo le faltaban la iglesia y el cementerio, pero resucitó. En 1970 estaba de vuelta. En 1971 grabó el admirable larga duración José Cheo Feliciano con un sexteto de alta joyería y entonó así su renacimiento:

«Como silencio guardé, / cantaron otros soneros,
librando los nueve ceros / que una vez les dediqué».

Dos años después lanzó otro disco terminante: Con una pequeña ayuda de mi amigo (el generoso compositor Catalino Curet Alonso), definitiva baraja de boleros y guaguancós. Ambos discos le hubieran valido, solos, una doble eternidad, pero, en 1972, Cheo se alzó a una de las cumbres de la música romántica cantada por un hombre. Si hay un disco de boleros que rebasará la cuesta del siglo, ese ha de ser La voz sensual de Cheo, porque los diez temas que incluye son tan absolutamente perfectos, que girarán en el eje del tiempo como un rosario de astros.

Sin embargo, hay que decirlo todo. A fines de los años 70, Cheo Feliciano comenzó a perder su voz espléndida; pero fue ya tarde para el fracaso porque la lenta agonía que empezaba nunca disolvería de la memoria al último sonero del siglo: al que —tigre en el guaguancó y señor en el bolero— había logrado la extraña arquitectura de meter la esquina rumbera en el salón. El Cheo eterno es ese: furor caliente y elegancia; descargas tremendísimas con el loco de Joe Cuba y violines suntuosos con el maestro Calandrelli.

Habría que trepar muy alto en el árbol de la sabiduría para encontrar las ramas de donde emergió Cheo. Una es Tito Rodríguez, el mismo que pasaba del rumbón violento Chen-cher-en gumá al bolero e himno Inolvidable, como quien cambia de mano un cigarrillo. Otra rama es Benny Moré, Jano de la música caribe, con una cara negra para las noches de África que aún golpean en Babarabatiri, y una cara mestiza para ¡Oh vida!, el bolero cálido, lento y rumoroso.

«Para quedar, un libro basta», ha dicho Ernesto Sábato. Cheo quedará tres veces para siempre, con tres discos soberbios. Es un clásico. Ojalá que el siglo XXI nos traiga alguien que alcance a Cheo y que nos rescate del naufragio espeso de tanta pequeñez barata, de tantos hijastros de papá que solo han heredado la precocidad de ser, de jóvenes, los mediocres que serán siempre. Oírlos es perder el tiempo mientras ganan dinero. Por la forma en que ejecutan los boleros, deberían colgarlos de sus cuerdas vocales. Pasó la era de los dinosaurios; ahora sufrimos el minuto de las lagartijas.

Que el ángel de la música no nos abandone. Así será pues el bolero nos ama. No puede evitarlo: es un sentimental.

http://salsaclasica.com/cheofeliciano/

http://www.prpop.org/biografias/c_bios/cheo_feliciano.shtml

http://en.wikipedia.org/wiki/Cheo_Feliciano

http://www.lastfm.es/music/Cheo+Feliciano

http://www.americasalsa.com/biografias/cheo_feliciano.html

http://www.myspace.com/josecheofeliciano

http://www.musicofpuertorico.com/index.php/artistas/cheo_feliciano/

http://salzuela.blogspot.com/2010/07/cheo-feliciano.html